
Estaba aquella vez sentado en alguna superficie alta, donde me era posible ver una iluminada ciudad nocturna. No sé cómo llegué hasta allá, pero me es agradable sentir el viento correr por mi rostro y juguetear con mi melena crespa...mis manos, mis brazos...Mi espalda, ¡Dios!...tengo alas. ¿Un ángel? Intento mirar y a duras penas compruebo que son distintas. Claro, sigo siendo un ser humano, poderosa mezcla entre maldad y bondad. Suspiro. No sé qué signifiquen, pero...les sacaré provecho. Hacerme pasar por un ángel podría ser algo bueno, tal vez podría ayudar, traer esperanza, o incluso, cambiar el mundo. ¿Por qué? No lo sé, sólo sé que lo amo demasiado a pesar de todas las imperfecciones que tiene, y si puedo hacer algo para mejorarlo, tal vez más gente comience a aprecierlo...
Tomo con firmeza las cintas que me rodean los brazos y miro unos instantes al resto de la humanidad; caminan, atraviesan algunos autos...ya está amaneciendo. Inspiro profundo y bajo de mi pedestal al mundo terrestre.
Las cosas son muy distintas a como las vi desde la altura...
Las personas están en guerra. Veo muchos cuerpos ensangrentados, personas sufriendo
, explosiones, destrucción...Dos lágrimas brotan de mis ojos...
Veo cómo se enfrentan los líderes de ambos bandos. La lluvia de balazos , explosiones y sangre me hace apretar los puños con fuerza. No aguanto.
Me interpongo entre ellos y me los quedo mirando, sin decir palabra alguna. Puedo leer la sorpresa en su mirada, lo que da un cese temporal a la guerra. Quieren que me mueva, gritan, me amenazan con sus armas, pero no me inmutan. Siento como el resto de la gente me mira con ojos esperanzados, dejando sobre mí el peso de hacer algo para detener esta masacre. Extiendo las alas, como gesto de intimidación ante los guerrilleros, provocando que tods retrocedan unos pasos. Como el ser humano le teme a lo desconocido, comienza una lluvia de disparos hacia mí. Sonrío. No me hacen daño, en lo más mínimo...
Pero una bala se desvía del trayecto y le llega a una joven ubicada a unos cuantos metros de mí.
Tras ver como cae desplomada sobre un montón de escombros, corro hacia ella e intento hacer algo. La joven, con sus últimas fuerzas, me sonríe y, quién sabe, algo querría decirme, pero la bala en su pecho ya ha hecho su trabajo. Yo sólo a abrazo fuertemente, mientras sollozo un poco.
Nunca había visto morir a alguien, y menos en mis brazos. Tal vez esa sería la razón que al encontrarme con su delicado cuerpo segundos atrás vivo entre mis manos me afectara más que el ver la ciudad repleta de varios más. La beso en la frente y dejo reposar sobre el suelo con delicadeza. Pobre chica.
La ira me invade por completo ya no puedo controlarme. Ella no...
Un aura blanca me rodea, clama por extenderse y llenar todo con su luz todo a su alrededor. No puedo reprimirla...y por una milésima de segundo todo se tornó enceguecedoramente blanco.
Tras volver a la normalidad, puedo ver en el suelo los cuerpos inertes de los líderes belicosos. La gente alrededor comienza a acercarse con cierto sigilo al notar la ausencia de, además de los líderes, los soldados militares. El lugar estaba limpio y pacífico, como si nunca hubiese existido la hecatombe de hace algunos instantes, y por ello, la gente me cuestionaba con la mirada. Yo sólo miraba atónito mis manos...cielos, están cubiertas por la sangre de la joven...
¿cómo podría explicarle a la gente algo que ni siquiera yo sé?
Tantos ojos observándome, es horrible. ¡Deténganse! ¡No lo soporto!!!
De improviso, aparece una figura de entre la multitud que se acerca lentamente hacia mí. Es la chica que tuve en mis brazos, pero ahora...está viva. Me mira con ojos tristes, pero yo le sonrío. Me consuela el saber que mis facultades de ángel -o tal vez demonio- no sólo sirven para matar.
Pero ya no soy como ellos, debo partir.
Por ahora, no quiero saber nada del mundo.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada